
Participa en la creación de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias (FAR) y actúa en las operaciones más importantes que lleva a
cabo la misma. A fines de diciembre de 1970 cae detenido en Córdoba luego de un
enfrentamiento con las fuerzas policiales al asaltar un banco. Antes de caer
preso, durante la retirada, él y su grupo guerrillero dejaron fuera de combate,
en un par de emboscadas, a 3 patrulleros que los seguían, pero luego fueron
rodeados por efectivos muy superiores en número y armamento; solo así lo
pudieron agarrarlo. Herido y torturado, es luego alojado en la cárcel de máxima
seguridad de Rawson en el sur de nuestro país. De allí escapará con otros
compañeros en agosto de 1972, para recalar en el Chile socialista del Salvador
Allende, que le brinda asilo político. Va a Cuba y luego vuelve a la Argentina
para sumarse nuevamente a la lucha armada contra el gobierno militar del
general Lanusse. Marcos era uno de los más entusiastas propiciadores de que las
FAR asumieran una identidad peronista revolucionaria. En tal sentido se
entrevista con Perón en su exilio madrileño con el fin de llegar a acuerdos
políticos futuros. De la reunión se fue más contento que niñito con juguete
nuevo, a todos les mostraba la foto del General, autografiada de puño y letra
por J.D.P. y con fecha 7 de abril de 1973: “Al Compañero D. Marcos Osatinsky
con todo afecto. Juan Perón”. Luego de la salida de Cámpora como presidente y
de la destitución por la fuerza de las armas del gobierno constitucional
cordobés de Don Ricardo Obregón Cano, es nuevamente detenido en Córdoba (en una
casa clandestina de Maestro Vidal y Santa Ana que luego será volada con
explosivos) y torturado hasta su muerte en los lúgubres sótanos de la jefatura
de la policía provincial por una banda criminal de la División Informaciones
que responde al “gorila” interventor Raúl Lacabanne. Esto ocurrió como
represalia ante un ataque del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) a ese
lugar el 21 de agosto de 1975. Ese mismo día fue su asesinato. Inclusive el
cuerpo de Osatinsky, aún con vida, fue atado con una cadena al paragolpes
trasero de un auto y arrastrado por rutas de ripio y pavimentadas,
alternativamente. Cuando le devolvieron el cuerpo a los familiares (constataron
varios tiros en el corazón de Marcos y uno en la sien), estos intentaron
trasladar los restos mortales a Tucumán, pero el ataúd fue nuevamente
secuestrado por los paramilitares y parapoliciales al mando del capitán del
Ejército HéctorVergés y dinamitado junto al monolito de Facundo Quiroga en
Barranca Yaco.
La policía cordobesa fiel a su infamia en ese
período, mintió y declaró públicamente que Osatinsky murió al tratar de ser
liberado por sus compañeros “subversivos”, que atacaron el vehículo que lo
transportaba. (“El Cronista Comercial”. 22-8-75). La Comisión Peronista de
Solidaridad con los Presos Políticos, dio a publicidad un comunicado denunciado
la “burda maniobra para justificar lo que no es sino el fusilamiento de un
preso político” y terminó recordando que “ninguno de nuestros hijos habrá
muerto inútilmente, porque la sangre derramada no será negociada. Los asesinos
de Marcos Osatinsky pasarán a la historia negra de la Nación”. Sus compañeros
montoneros lo condecoraron con la orden “Al Mártir de la Resistencia Popular”
en su máximo grado el de la “Compañera Eva Perón”, en agosto de 1978. Teresa
Celia “Tina” Meschiati, sobreviviente de la ESMA, recordó que el agente civil
de la dictadura militar, Ricardo Luján ó Luján Yañez se jactaba de tener una
pistola 9 mm. robada a Osatinsky luego de su detención. Y con el tiempo se han
conocido nuevas precisiones sobre este caso: basta hojear el libro “La
búsqueda. Una entrevista con Charlie Moore”, editado en Córdoba en el 2010.
Allí el protagonista del relato acusa del “traslado” de Osatinsky (léase
asesinato) al siguiente personal policial, que califica de éste modo:
Américo Romano –a cargo de la Brigada de Investigaciones; antiperonista
fanático que no tenía problemas en matar a quien fuera- , “Boxer” Antón –un
salvaje- , “La Cuca” Antón –una desalmada, sin principios, ni sentimientos, ni nada-
, “Sérpico” Bucetta –siempre dispuesto al secuestro y a la violencia-, Calixto
Flores –un bruto, un animal de lo peor- , el “Turco” Yabour –que torturaba y
mataba sin problemas- y otros. Además acusa a este grupo de mafiosos de
la muerte de otro policía, el chofer de apellido Vaquinzay, que se negó a
participar del “traslado” antes citado, porque no quería involucrarse en un
asesinato. Cuando lo asesinaron, luego le echaron la culpa a “Montoneros” a
través de un comunicado “trucho”.
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