
Militante del peronismo montonero, fue una de los que lo fundó en su
provincia natal. Graciela “Monina” Doldán era la viuda de un histórico de la
organización: “El Negro” José Sabino Navarro. Quienes la conocieron –como
Cecilio Manuel Salguero- la recuerda “como una muy buena compañera por su ética
y moral revolucionaria y además, excelente conductora de automóviles en los
operativos (…) A pesar de estar excedida de peso, su contextura era frágil, de
huesos pequeños. De piel muy blanca, rosada, con ojos celestes verdosos, su
cabello era rubio claro y lo llevaba ondulado hasta los hombros. Aproximadamente
tendría 1,55 m. de estatura. Y hacía un gesto muy característico en ella con su
mano derecha, levantando y moviendo los dedos con delicadez, mientras torcía su
mano”. Al momento de su secuestro, el 25 de abril de 1976, contaba con 42 años
de edad. La recluyen en Córdoba, en el campo de concentración “La Perla”. Es
ferozmente torturada. Mantiene su fe y decisión intacta. No la pueden
“quebrar”, sabe que ese lugar es un frente más de lucha, aunque sea el último
antes de la muerte, pero nunca deja de ser un frente de lucha y esa lucha hay
que darla. Viviendo en cautiverio, sin ninguna esperanza futura, sin ningún
tipo de contacto con su familia, en medio de la locura y la barbarie, intentó
formar un grupo de compañeros, con el único fin de resistir la derrota, poner
freno al embate de un enemigo poderoso que tenía todas las de ganar. Este grupo
fue detectado y la mayoría de sus miembros “trasladados” (asesinados).
Graciela
Geuna, compañera de martirio, relató en 1985 ante el Juez León Arslanián, que
Graciela María de los Milagros Doldán, también conocida como la “Gringa” y
“Teresa”, cuando fueron a buscarla para matarla, se fue tranquila, la cabeza
erguida, haciendo la “V” de la victoria a sus compañeros de infortunio. Pidió
que la fusilen sin venda, sin mordaza, sin maniatar; que ella no se iba a
escapar, porque quería morir viendo el sol y el cielo. También pidió el último
cigarrillo. Al Mayor que dirigía el fusilamiento lo despidió: le dio la mano,
un abrazo y le dijo: “Sos el último ser humano que voy a ver antes de morir y
aunque vos no lo sepas sos un ser humano y para mí es importante, porque me
estoy despidiendo de la humanidad”. El Mayor volvió al Destacamento 141
llorando y no quiso participar nunca más de un fusilamiento clandestino. La
compañera Doldán le había ganado la última batalla, solamente apelando a su
grandeza.
Fuente: Página de Roberto Baschetti, (http://www.robertobaschetti.com/biografia/d/140.html).