Eduardo
era grandote (jugó al basquet), pintón, querido por los chicos ... y las
mujeres. Fue estudiante de Filosofía en la universidad. Militante de Juventud
Peronista. En 1971 fue detenido por tenencia de arma y documento
adulterado. Salió en libertad con motivo
de la amnistía presidencial del “Tio” Cámpora en mayo de 1973. Entre 1975 y
1976 se hizo cargo de Prensa en la organización y fue el máximo responsable de
la Columna Sur en provincia de Buenos Aires. En 1977 sale del país y sigue la
lucha desde México, coordinando prensa y difusión. Inclusive se lo vio cantando
a dúo en una guardería cubana con Silvio Rodriguez para los hijitos de los
Montoneros que seguían la lucha en otras tierras. Vuelve con la
“contraofensiva” de 1980 con el grado de oficial superior y el cargo de Segundo
Comandante Montonero. Organiza la resistencia.
Mucho
tiene que ver con la creación de Intransigencia y Movilización Peronista (IMP)
y el diario “La Voz”. Encabezó una concentración de más de 100.000 personas que
el 16 de diciembre de 1982 copó la Plaza de Mayo pidiendo, reclamando,
exigiendo, el retiro de los militares y la vuelta de la democracia. En primera
fila, puede observárselo entre los más decididos, usando las vallas de
contención como improvisados arietes para derribar el portón de la mismísima
Casa de Gobierno. La consigna que logró imponer por entonces fue: “Luche y se
van”. Cuando sus amigos le decían que se exponía mucho, él con una sonrisa
amarga en los labios les contestaba, que el promedio de vida de un combatiente
para esa época no superaba los 6 meses y que él ya había cumplido ocho veces
esa media ¿para qué más?
Fue
secuestrado el 14 de mayo de 1983, en Rosario, provincia de Santa Fe, en el bar
“Magnum” (Ovidio Lagos y Córdoba) cuando compartía una mesa y una charla
organizativa a futuro con su compañero Osvaldo Cambiasso. Al ser rodeado por un
grupo de tareas, Carlón, trató de
cortarse la yugular con un vaso de vidrio, pero se lo impidieron a golpes. Los
secuestradores se llevaron a ambos y luego se lo pasaron a otros policías que
los torturaron y mataron. De esa acción asesina participaron el subcomisario
Luis Abelardo Patti, el de “la dulce mirada”, (Liliana Caldini dixit), -luego
intendente de Escobar; aliado electoral de "Chiche" Duhalde en
provincia de Buenos Aires-, el sargento Rodolfo Diéguez y el cabo Juan Spataro;
desempeñándose como Jefe de Inteligencia del II° Cuerpo de Ejército con asiento
en Rosario, el coronel Pascual Guerrieri. (En febrero de 2006 se conocieron
documentos secretos de los EE.UU. donde se confirma la participación de Patti
en el grupo de tareas que asesinó a ambos militantes). Como decía, después de
ser salvajemente torturados y dopados, fueron trasladados hasta la localidad de
Lima, en la provincia de Buenos Aires, donde los asesinaron luego de inventar,
como era ya sistemático, un enfrentamiento ficticio. Los cuerpos acribillados a
balazos en la cara, fueron dejados sobre un camino de tierra a pocas cuadras de
la Panamericana. El Jefe de la policía provincial, general Fernando
Verplaetsen, sin darse cuenta de que los tiempos estaban cambiando y ya la
prensa daba lugar a los comunicados de los familiares de los asesinados,
insistió en la versión oficial de “un enfrentamiento” y salió en defensa de la
“preservación del honor” de los agentes que dieron muerte a Osvaldo Cambiaso y
Eduardo Pereira Rossi.
Eduardo
Pereyra Rossi tenía 33 años cuando fue asesinado. Sus restos fueron sepultados
en una discreta ceremonia el 19 de mayo en el cementerio de La Plata. Durante
el velatorio, dos patrulleros permanecieron en la puerta de la funeraria.
Apodado Carlón, poco antes de morir escribió un poema titulado “Sólo una
mediación”, una suerte de testamento. “Si me preguntan a golpes/ diré que sé/
que sé que serán devueltos/ los servicios prestados/ a su debido tiempo/ el que
medie entre mi muerte y la de ellos” (Manual del buen torturador, CELS, 1999).
Cuando Pereyra Rossi fue detenido, el entonces titular de la Dirección de
Seguridad Interior, coronel Carlos Alberto Roque Tepedino, afirmó que su
superior, el ministro del Interior, general Llamil Reston, “daba a Pereyra
Rossi como residente en México, donde actuaba como responsable de prensa de la
organización subversiva Montoneros”. Pereyra era militante de la organización
Montoneros en la zona sur de la provincia de Buenos Aires, y había partido al
exilio durante la dictadura.
El
1º de junio de 2006, la Secretaría de Derechos Humanos bonaerense pidió la
reapartura de la causa. Pero el ejemplo y la entereza del “Carlón” no pasó
inadvertida para las generaciones venideras de militantes. Oscar “El Rulo”
Frontera en el vigésimo primer aniversario de su muerte escribió: “Eduardo
Pereira Rossi, creíste siempre en la victoria popular, interpretaste
profundamente a las nuevas generaciones a cuya suerte apostaste el futuro; vos
que para nosotros seguirás siendo siempre y simplemente Carlón: el bolsiqueador
de potentados, el ajusticiador de fusiladores, el repatriador de abanderadas,
te has ido para siempre junto a Fernando Abal Medina, Felipe Vallese, La Gaby
Norma Arrostito, el Gaucho Marín, Juan José Valle, y por supuesto en un lugar
privilegiado muy cerca de Perón y nuestra Evita, para alumbrarnos con tu
ejemplo y enseñanzas el camino de la Liberación Nacional. Carlón tu sangre
derramada sobre esta tierra hoy se evapora conformando cielos de auroras
triunfales. Estás presente siempre en nuestras luchas ¡¡Hasta la victoria
final!!”. La compañera del Carlón, Estela Cereseto, guarda con orgullo y cariño
sin par, todos los poemas que Eduardo Pereira Rossi escribió en vida. Quizás el
que mejor explique su compromiso y su entrega por una causa, sea este que ahora
transcribo en parte y que se llama “Convocatoria”: “Convoco a los que todos los
días se levantan y salen a yugarla por migajas que no alcanzan a que se rebelen
(...) Convoco a los pacíficos que no están cumpliendo con su deber a pesar de
sus buenas intenciones. Convoco a los que no comen lo suficiente ni se abrigan
lo necesario y tienen sed torrencial. Convoco a los pequeños de ambiciones que
dejan a los demás ambicionar más de la cuenta. Los convoco a dar vuelta el
pulóver, a pegarle al prepotente y a escupir en la cara a los que no han sido
convocados. Los convoco a romper lo que no sirve, a perpetrar los robos
necesarios y recuperar lo perdido. Los convoco a cagarse en el miedo y a patear
las puertas donde encerrados están los condenados. Los convoco a abrir las
cárceles, a ventilar las tumbas y a levantar las calaveras de los hermanos
heridos de muerte. Los convoco a abrazarse en las plazas del país, a escribir
los muros y a fusilar a los fusiladores. Los convoco a no atar nada sino a
despedazar las cadenas. Los convoco a agitar banderas y colores y correr
liberados por las calles y por los campos húmedos de rocío. Los convoco a ser
sinceros, a putear a los hijos de puta, a desobedecer al tirano; a amar sin
límites y a odiar. Y si a esta convocatoria por impolítica no concurre nadie
¡mala leche! Quedan entonces convocados al entierro de la vida del que tuvo
esta pésima idea. Si a esta convocatoria vienen algunos, no importa, en la
próxima seremos más. Y si a esta convocatoria vienen todos los convocados, la
cordura habrá invadido en revolución nuestro país para siempre”.
FUENTES
(1) "¿Quiénes
eran Cambiaso y Pereyra Rossi?", 11/5/2008, en: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/1-32692-2008-05-11.html
(2) Página de
Roberto Baschetti:
(3) Homenaje de la
agrupación Oesterheld y breve entrevista de 1982.
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